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Consultoría General·03 de abr de 2019·5 min

¿ EL LIDER NECESITA CONOCERSE A SI MISMO ?

¿El líder necesita conocerse a sí mismo? por Cdr. Fernando Piñeiro Fernando.Pinieiro@qmamericas.com www.linkedin.com/in/fernandopinieiro/ Luego de analizar el entorno y la...

¿ EL LIDER NECESITA CONOCERSE A SI MISMO ?

¿El líder necesita conocerse a sí mismo?

  por Cdr. Fernando Piñeiro  Fernando.Pinieiro@qmamericas.com  www.linkedin.com/in/fernandopinieiro/   Luego de analizar el entorno y la realidad concreta, el líder debe conocerse más a sí mismo, saber cuáles son sus fortalezas para potenciarlas y basarse en ellas, y sus debilidades, para minimizarlas y corregirlas. En su libro “Heroic Leadership” (El liderazgo al estilo de los jesuitas, en su traducción española), el ex jesuita Chris Lowney revela los principios del liderazgo que han guiado a los líderes jesuitas en sus diversas actividades durante más de 450 años. Según Lowney, el perdurable éxito de los jesuitas descansa sobre cuatro pilares esenciales del liderazgo: autoconocimiento, creatividad, amor, y heroísmo.  En cualquier organización existen prometedores jóvenes que parecen tenerlo todo para llegar a la cúspide. Sin embargo, lo cierto es que la inteligencia, la ambición y la formación no son suficientes y muchos de estos jóvenes talentos acaban estancados. Estos resonantes fracasos pueden atribuirse, en muchos casos, a la falta de comprensión de las propias fortalezas y debilidades en un contexto cambiante. Los jesuitas parecen haberlo comprendido hace varios siglos. En efecto, cada persona que se une a la organización debe atravesar un mes de retiro donde la única tarea consiste en someterse a una intensa re-flexión espiritual sobre las propias fortalezas y debilidades en relación con la misión del movimiento. Incluso, una vez de vuelta a las actividades cotidianas, el jesuita se toma todos los días unos momentos para reflexionar sobre sus objetivos últimos y las lecciones aprendidas durante la jornada para alcanzarlos. Con respecto a la creatividad, dice Lowney que en el mundo de los jesuitas se le da suma importancia a la innovación con confianza y a la adaptabilidad al mundo cambiante. Un claro ejemplo de ello fue el jesuita Roberto de Nobili quien a principios del siglo XVII, emprendió un viaje de evangelización a la India. Allí se mantuvo fiel al dogma cristiano. Sin embargo, para transmitir más eficazmente su mensaje, se adaptó a su entorno vistiéndose con las tradicionales ropas hindúes y hasta se convirtió en vegetariano. San Ignacio de Loyola decía que el amor debe manifestarse en los hechos, no en las palabras. El amor se manifiesta en una actitud positiva hacia los otros, una actitud que sirva para desarrollar todo su potencial. Confianza, respeto y una sincera voluntad de ver triunfar al otro son la forma de manifestar el amor hacia el prójimo en una organización. Nuestro moderno concepto del heroísmo está asociado con el guerrero que conquista una base enemiga y recibe una condecoración. Pero los jesuitas tenían otra concepción. Para ellos, el héroe era aquel con grandes ambiciones y una pasión por la mejora continua, el hombre que constantemente busca oportunidades de poner su granito de arena en el éxito de un proyecto conjunto. Hoy entendemos el liderazgo como una serie de tácticas para que el otro haga lo que queremos. Con la visión proporcionada por Lowney, lo debemos entender como un conjunto de valores que conforman a una persona en su manera de relacionarse con los otros y orientado al Bien común. El modelo jesuita acaba con el precepto del “único gran hombre” por la sencilla razón de que todos ejercen influencia, buena o mala, grande o pequeña, todo el tiempo. Un líder aprovecha todas las oportunidades que se le presenten para influir y producir un impacto. El liderazgo nace desde adentro. Determina quién soy, así como qué hago. El medio más eficaz de liderazgo con que cuenta el individuo es el conocimiento de sí mismo: una persona que entiende lo que valora y lo que quiere, que se basa en determinados principios y se enfrenta al mundo con una visión coherente. La mayor fortaleza del líder es su visión personal, que comunica por el ejemplo de su vida diaria. La visión es algo intensamente personal, el producto de madura reflexión: ¿qué es lo que busco? ¿qué quiero? ¿cómo encajo en el mundo?. El liderazgo no es un acto, es una manera de vivir. Es un modo de proceder. Su modo de proceder era una brújula, no una lista de comprobación. Si uno sabe adónde quiere ir, la brújula es un instrumento mucho más útil. Lanzado al extraño terreno cultural de la China, Mateo Ricci comprobó que la lista de comprobación de tácticas que funcionaban en Europa resultaba inoperante en ese país, pero su brújula, su modo de proceder, le servía muy bien. Sabiendo lo que valoraba y lo que quería lograr y realizar, se orientó en el nuevo ambiente y confiado se amoldó a las circunstancias no familiares. David Fishman, en su libro “El camino del líder”, también sugiere que el primer paso que debe dar una persona que quiere ser líder es aprender a estar conciente, pues éste es un elemento clave. Nadie puede ser líder si no tiene la capacidad de liderarse a sí mismo. Hacerse líder es un proceso continuo de autodesarrollo y autoconocimiento. El liderazgo personal es una tarea permanente en la cual el conocimiento de sí mismo va madurando de manera continua. El ambiente externo evoluciona y las circunstancias personales cambian, lo mismo que las prioridades personales. Algunas fortalezas personales decaen a medida que surgen oportunidades para desarrollar otras. Todos estos cambios requieren un continuo crecimiento equilibrado y una evolución como líder.     Puedes solicitar una entrevista sin cargo por teléfono a :  (+54 11) 4761-2470 o enviarnos tu consulta ( hacer click aquí ). Q-Management Consultores www.QMamericas.com

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